jueves, 15 de noviembre de 2007

Sí al proceso de Bolonia



Son seis los objetivos recogidos en la Declaración de Bolonia:

  • La adopción de un sistema fácilmente legible y comparable de titulaciones, mediante la implantación, entre otras cuestiones, de un Suplemento al Diploma.
  • La adopción de un sistema basado, fundamentalmente, en dos ciclos principales.
  • El establecimiento de un sistema de créditos, como el sistema ECTS.
  • La promoción de la cooperación Europea para asegurar un nivel de calidad para el desarrollo de criterios y metodologías comparables.
  • La promoción de una necesaria dimensión Europea en la educación superior con particular énfasis en el desarrollo curricular.
  • La promoción de la movilidad y remoción de obstáculos para el ejercicio libre de la misma por los estudiantes, profesores y personal administrativo de las universidades y otras Instituciones de enseñanza superior europea.
  • La Declaración de Bolonia tiene carácter político: enuncia una serie de objetivos y unos instrumentos para lograrlos, pero no fija unos deberes jurídicamente exigibles. La Declaración establece un plazo hasta 2010 para la realización del espacio europeo de enseñanza superior, con fases bienales de realización, cada una de las cuales termina mediante la correspondiente Conferencia Ministerial que revisa lo conseguido y establece directrices para el futuro.
  • La primera conferencia de seguimiento del proceso de Bolonia tuvo lugar en Praga en mayo de 2001. En ella, los Ministros adoptaron un Comunicado que respalda las actuaciones realizadas hasta la fecha, señala los pasos a seguir en el futuro, y admite a Croacia, Chipre y Turquía, como nuevos miembros del proceso.
Cada vez queda menos tiempo para 2010, año en el que está previsto que entre en vigor en Europa un sistema que, en el caso español, va a suponer no pocas transformaciones en la institución universitaria. Conocido también como "proceso de Bolonia", por el nombre de la ciudad italiana en la que se firmó la declaración política que abrió el espacio europeo universitario, su interiorización en el seno de la comunidad universitaria, tanto docente como estudiantil, no ha terminado aún de cuajar.

Una gran parte de alumnos y profesores desconoce en qué medida le va a afectar esta nueva realidad. Además, las polémicas sobre desaparición de titulaciones, o las protestas de algunos grupos estudiantiles, aumentan la incertidumbre y la confusión. Homologación, movilidad, calidad y una nueva visión del aprendizaje caracterizan el Espacio Europeo de Educación Superior.

¿Qué es la Declaración de Bolonia? Aunque la transformación de la enseñanza superior ha sido bautizada como "proceso de Bolonia", su inicio no tuvo lugar en la ciudad italiana, sino en París. En 1998, y con motivo del 700 aniversario de la Universidad de La Sorbona, los ministros de Educación de Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia redactaron un documento conjunto en el que pedían al resto de la UE un esfuerzo en la creación de "una zona europea dedicada a la educación superior". Su llamada tuvo eco, puesto que un año después, en 1999, los ministros de 29 países suscribían en Bolonia (otra de las cunas, junto a La Sorbona, de la institución universitaria), una declaración política de intenciones. En sus tres folios, este documento marca el camino para conseguir "incrementar la competitividad" y "el grado de atracción mundial" del sistema europeo ante el poderoso entramado universitario estadounidense.

¿Es la de Bolonia la única declaración relacionada con este proceso? No. Pese a que Bolonia se ha convertido en la piedra angular de esta apuesta política y académica, su contenido, la asunción de éste por más países y el control de su evolución se han ido perfilando en reuniones ministeriales bianuales, de las que han surgido nuevas declaraciones. Tras la de Bolonia se han celebrado otras citas en Praga (2001), Berlín (2003) y Bergen (2005), en las que el número de estados europeos firmantes asciende a casi medio centenar.

¿Cuáles son las metas que marcan el proceso hacia el Espacio Europeo de Educación Superior? Bolonia establece seis objetivos estratégicos en su apuesta por el EEES. Estas metas se pueden resumir en la creación de un sistema universitario europeo en el que las titulaciones puedan ser homologables y homologadas en los países miembros sin problemas, algo que no ocurre en la actualidad. Se pretende fomentar así la cooperación entre las universidades europeas, la movilidad de estudiantes y profesores, y la mejora de la calidad de la investigación y la enseñanza universitaria.

El crédito europeo, el elemento unificador. Hasta la puesta en marcha de este proceso, uno de los principales obstáculos para lograr un método sencillo y eficaz de comparar, y, por tanto, homologar, titulaciones en distintos países era las numerosas y diversas estructuras académicas. El crédito europeo o ECTS (siglas en inglés de Sistema Europeo de Transferencia de Créditos) es el instrumento básico para acabar con este problema. En lugar del crédito actual, que equivale a diez horas de clase tradicional, el ECTS toma como referencia el trabajo del alumno e incluye en sus 25-30 horas el tiempo no sólo de clase, sino también del que se dedica fuera de ella (estudio, tutorías, trabajos, seminarios, etc.) a la obtención del conocimiento exigido en el plan de estudios de cada título.

El Suplemento Europeo al Título, el 'conversor' académico. El Suplemento Europeo al Título es un modelo de información unificado, personalizado para el titulado universitario, sobre los estudios cursados, su contexto nacional y las competencias y capacidades profesionales adquiridas. Tiene como objetivo incrementar la transparencia de las diversas acreditaciones europeas y facilitar su reconocimiento por otras instituciones. Se podría describir como una especie de conversor de las modalidades académicas de cada país en un documento común aceptado por todos los países miembros.

De la enseñanza al aprendizaje. La nueva forma de medir los conocimientos implica también importantes cambios en el papel que corresponde a profesor y alumno. Se pretende transformar un sistema de enseñanza en uno de aprendizaje, en el que se "enseñe a aprender". Esto se basa en una mayor implicación y autonomía del estudiante, en el uso de metodologías docentes más activas (trabajo en equipo, tutorías, mayor uso de las nuevas tecnologías...) y en un seguimiento más personalizado del trabajo del estudiante por el profesor.

Grado. Con el nuevo sistema, las titulaciones universitarias que se ofertan en un país se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, los estudios de grado; esto es, el primer escalón de la oferta académica. Equivalentes a las actuales diplomaturas y licenciaturas, el número de créditos ECTS necesarios para ser graduado variará en función de las titulaciones entre 180 (tres cursos) y 240 (cuatro). En España, la composición y diseño de estos estudios de grado, desde su nombre hasta sus planes de estudios, vendrán determinadas por el nuevo Mapa de Titulaciones, que sustituirá en breve al actual catálogo.

Postgrado. El segundo nivel de la nueva distribución es el de los estudios de postgrado. En él se incluyen los máster y doctorados. Aunque conservan la denominación con la que se identifican en el sistema actual, su transformación es una de las más relevantes dentro del nuevo espacio europeo. El máster dejará de ser un título propio, es decir, reconocido sólo por el centro de origen, y pasará a ser oficial. Su duración será de uno o dos cursos (60 ó 120 créditos ECTS) y, junto a su carácter de formación especializada, se convertirá en requisito imprescindible para acceder a una mayor preparación investigadora para la obtención del título de doctor. De hecho, se fijará en 300 créditos europeos de grado y postgrado el mínimo necesario para acceder al doctorado.

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